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LENTES DE GÉNERO EN LA EVALUACIÓN DE PROYECTOS

Por Sara Hlupekile Longwe

“LENTES DE GÉNERO EN LA EVALUACIÓN DE PROYECTOS” fue presentado en el taller sobre GEM en África, el 16 de noviembre de 2002. En el artículo se presenta un marco que utiliza el análisis de género desarrollado por Sara Hlupekile Longwe, experta en género de Lusaka, Zambia. La autora sostiene que el empoderamiento de las mujeres se puede lograr permitiéndoles que tomen el control de los factores de producción y que participen como iguales en el proceso de desarrollo de una actividad o un proyecto. (A los fines de este manual, hemos editado el ensayo de Longwe.)

Longwe proviene de las bases, es organizadora, crítica y autora de “El marco Longwe para el análisis de género”. Fue pionera en el uso de las leyes internacionales de derechos humanos en la lucha por los derechos de la mujer en las cortes locales. Desde su primera batalla contra el gobierno de Zambia, cuando no era más que una joven profesora de escuela secundaria, para obtener una licencia por maternidad, Longwe se ha convertido en la principal propulsora de un grupo de lobby que presionó con éxito al gobierno para que introdujera, en 1974, una disposición referida a las licencias por maternidad para las docentes. Su compromiso permanente con la defensa de los derechos de la mujer en diversos ámbitos, incluido el de las TIC, hizo que le otorgaran el premio Nobel para África 2003 en reconocimiento a su contribución a las luchas de género. [Zulu y el Proyecto Hambre]

Lentes para reconocer una cuestión de género

Todos vemos el mundo de diferente manera – nuestras apreciaciones y nuestra participación están determinados por varios factores como la clase, la raza, el género, el contexto cultural, la situación económica y política y muchos otros. Teniendo en cuenta estas cosas, necesitamos utilizar una especie de lente para identificar los problemas de género que intervienen en un proyecto. Estos lentes nos permiten distinguir los diferentes tipos de problemas relacionados con el género, catalogarlos y definirlos según su gravedad para poder examinar mejor la situación.

Niveles de gravedad de los problemas de género

  • Las necesidades generales de desarrollo son aquellas que afectan a las mujeres y los hombres por igual, es decir, que tienen poco impacto en las diferencias de sexo o género y por lo tanto, se ubican en el nivel de gravedad más bajo de los problemas de género. A menudo, se considera que temas como la necesidad de caminos, transporte o agua forman parte de las necesidades generales de desarrollo. Sin embargo, debido a las severas diferencias de género y la división de los roles sociales y económicos de la mayoría de las sociedades, dudo que cualquier necesidad, excepto la del aire, pueda ser catalogada como una necesidad general de desarrollo. No obstante, se podría decir que hay algunas necesidades más generales que otras, en las cuales la discriminación y las diferencias de género son menos graves. Por ejemplo, tal vez los caminos son una necesidad más general comparada con la tierra. En África, el acceso a la tierra es una de las necesidades que más afecta a las mujeres, que son mayoría entre los granjeros y los productores de comida, sin embargo, es un ámbito en el que son fuertemente discriminadas.
  • Las necesidades especiales de las mujeres son las que surgen de las diferencias biológicas o sexuales. Sin duda, pueden ser problemas muy serios desde el punto de vista general, pero no constituyen en sí mismos problemas de género. Algunos ejemplos obvios de esta categoría son la necesidad de maternidades, servicios de cuidado prenatal, etc. Sin embargo, la mayoría de los servicios relacionados con el cuidado de los hijos/as no pertenece a esta categoría porque las responsabilidades de la mujer en este sentido surgen principalmente de la división de género del trabajo más que de los roles biológicos preestablecidos. (Ciertamente, de las necesidades especiales de las mujeres pueden derivar problemas de género como por ejemplo, cuando el control del presupuesto gubernamental está en manos de los hombres y esto se traduce en falta de fondos para las maternidades.)
  • Las preocupaciones inherentes al género son las necesidades que resultan de la división de género de los roles sociales y económicos. Algunos ejemplos de dichas preocupaciones surgen de la actividad doméstica que desempeña la mujer (el cuidado de los hijos/ as, la preparación y producción de los alimentos, etc.). Por ejemplo, es característico de las mujeres el ser más dependientes del medio ambiente natural (la vegetación o la selva) de donde recolectan los alimentos y las medicinas. Este es otro de los motivos por los cuales las mujeres y los hombres tienen perspectivas diversas en cuanto a los problemas de desarrollo y un modo diferente de identificar los que necesitan solución. Un proyecto de desarrollo puede ajustarse a las preocupaciones de género, pero debe abordar las cuestiones relativas a éste.
  • La desigualdad de género es el más serio de estos problemas porque a las preocupaciones se suma también la desigualdad de género que deriva del acceso reducido que tienen las mujeres a las prestaciones, las oportunidades y los recursos, en cuyo caso, las mujeres necesitarían más recursos y oportunidades que los hombres.
  • Las cuestiones de género se originan cuando las personas reconocen que una determinada situación de desigualdad es incorrecta, inaceptable e injusta. Esta toma de conciencia suele aparecer cuando la brecha de género es grande y las mujeres conocen sus derechos humanos y democráticos. (En los estados extremadamente patriarcales de África, la mayor parte de las injusticias de género son perpetradas contra las mujeres y no tanto en el otro sentido). Sin duda, desde un punto de vista puramente moral, las desigualdades de género son siempre injustas y, por ende, siempre constituyen un tema de preocupación. Sin embargo, desde la perspectiva política, es difícil que se convierta en tema de preocupación si carece del apoyo de un grupo numeroso de gente.

En caso de que su proyecto reconozca y afronte los problemas de género, ¿son ésos los temas importantes y más serios a tratar, o se prefirió optar por un problema menor en la diferenciación de los roles de género en lugar de intentar resolver la discriminación de género?

La lista anterior le ayudará a establecer un foco de interés claro acerca del tipo de problema de género en que su evaluación debería concentrarse. Es de esperar que quiera concentrarse en las cuestiones más serias, como por ejemplo, si el proyecto contribuye a tratar de resolver los problemas de género o si simplemente se limita a divulgar información sobre género.

Si su proyecto aborda las cuestiones de género más serias, es necesario entender las dimensiones de dichas cuestiones.

Lentes para analizar una cuestión de género

Nuestra perspectiva también necesita unos lentes que permitan identificar una cuestión de género en términos de las causas subyacentes, porque para tratar de resolver un problema es necesario ocuparse de las causas que están por debajo, más que de sus efectos.

Lo ideal sería que en las etapas de Análisis de Situación y de Identificación del Problema del plan de un proyecto se establezcan las causas subyacentes a una determinada cuestión de género. En ese caso, es de esperar que la estrategia de intervención sea la apropiada para abordar dichas causas subyacentes.

La siguiente lista constituye un marco de referencia útil para reconocer las causas subyacentes de una cuestión de género.

  • La brecha de género es la diferencia, que se puede observar (y muchas veces, medir), entre las mujeres y los hombres respecto de algunos indicadores socioeconómicos importantes (por ejemplo, la propiedad de bienes raíces, el acceso a la tierra, la inscripción en la escuela), que se considera injusta y que, por lo tanto, presenta una evidencia empírica clara de la existencia de un problema de género.
  • La discriminación de género es el conjunto de conductas y actitudes que producen una brecha de género. Esto nunca es accidental, es la consecuencia del trato discriminatorio de género. En una sociedad patriarcal, casi siempre se da un trato diferencial a las niñas y las mujeres, que las excluye del acceso a las oportunidades, las prestaciones y los recursos. El trato discriminatorio puede basarse en una costumbre social o estar arraigado en las regulaciones y medidas administrativas de gobierno o incluso en las leyes estatutarias. Aun cuando las prácticas discriminatorias residan en los hábitos o costumbres religiosas, en muchos países pueden asumir categoría de ley.
  • El control patriarcal es el sistema de monopolio o dominio masculino en los puestos de decisión en todos los niveles de gobierno, utilizado para perpetuar éste, así como la discriminación de género, para continuar con los privilegios de los hombres.
  • La creencia patriarcal es un sistema de convicciones que sirve para legitimar el dominio masculino y la discriminación de género. Se basa en la interpretación patriarcal de los textos bíblicos/religiosos y creencias sobre la superioridad biológica del hombre (sexismo) que afirman que la división desigual de los derechos y responsabilidades entre los géneros es natural (biológica), divina o demasiado difícil de cambiar porque está irremediablemente arraigada en la cultura.
  • La coerción es una parte aún más atroz del dominio masculino que utiliza la violencia contra las mujeres para mantenerlas en su lugar. Puede tratarse de violencia doméstica o institucionalizada, a través de las escuelas, la policía, el ejército, etc. En cuanto la aceptación de las creencias patriarcales por parte de las mujeres comienza a flaquear, la violencia física y sexual funciona como método alternativo de control y sometimiento.

Pero si nuestra intención es tratar de resolver las causas subyacentes, entonces debemos comprender el proceso de empoderamiento de las mujeres mediante el cual podemos reconocer y abordar las cuestiones de género. Si un proyecto va a estar orientado hacia la acción en este sentido, es de esperar que incorpore y promueva el proceso de empoderamiento como parte de su estrategia de intervención.

Para evaluar la contribución de un proyecto al proceso de empoderamiento, tenemos que comprender ese proceso.

Lentes para ver el proceso de empoderamiento de la mujer

Un foco de interés en la evaluación puede surgir de la pregunta general de si un proyecto se limita a difundir información acerca de las cuestiones de genero o si, además, contribuye al proceso de empoderamiento de las mujeres. Pero, ¿entendemos realmente lo que esto significa? ¿cómo contribuyen los sistemas de información en este proceso? ¿acaso somos tan ingenuas/os como para suponer que las mujeres son ‘empoderadas automáticamente’ por el solo hecho de estar mejor informadas?

Dado que los problemas de género están arraigados en un sistema patriarcal y se los considera cuestiones de género, resulta obvio que no se pueda lograr intervenciones a través de ‘planificadores verticalistas’. Mejorar la situación de las mujeres requiere un proceso de empoderamiento por medio del cual ellas logran un mayor control sobre las decisiones públicas. El empoderamiento de las mujeres es el camino hacia un cambio en las costumbres y leyes que las discriminan, y el medio para lograr una división del trabajo y una distribución de los recursos equitativa desde la perspectiva de género.

Los hombres preservan su dominio sobre las instancias de toma de decisión para su propio beneficio: las mujeres hacen la mayor parte del trabajo y ellos cobran la mayor parte de la recompensa. Sería una locura que las mujeres esperaran que los líderes hombres, de pronto, ‘tomaran conciencia’ del valor de la igualdad de género y les ‘regalaran’ una porción de la torta. Las experiencias del pasado aportaron pruebas suficientes de que los hombres no le ‘regalan’ poder a las mujeres. Uno de los axiomas de la política de género, y de cualquier otro tipo de política, es que el poder nunca se da, sino que se toma.

Por lo tanto, es evidente que necesitamos unos lentes que nos ayuden a ver el proceso de empoderamiento como una forma de acción de las mujeres mediante la cual se puede hacer frente a una cuestión de género. Los siguientes cinco ‘niveles’ del ‘Marco de Empoderamiento de las Mujeres’ pueden ayudarnos a comprender mejor este proceso:

  • Asistencia social
  • Acceso
  • Concientización
  • Movilización
  • Control

La asistencia social es considerada aquí como el nivel más bajo en que una intervención para el desarrollo puede intentar cerrar una brecha de género. Al decir asistencia social nos referimos a una mejora en la situación socio-económica en términos de nutrición, vivienda o ingreso. Sin embargo, si una intervención se detiene en este nivel, entonces estamos hablando de mujeres que reciben este tipo de beneficios en lugar de producirlos o adquirirlos por sus propios medios. Por lo tanto este es el nivel cero del empoderamiento, en el que las mujeres son ‘receptoras’ pasivas de los beneficios que les otorgan desde arriba.

El acceso representa el primer nivel de empoderamiento. Las mujeres consiguen mejorar su propia posición respecto de los hombres a través del trabajo y la organización producto del mayor acceso a los recursos. Por ejemplo, las granjeras pueden incrementar la producción y el bienestar general mediante un mayor acceso al agua, la tierra, el mercado, la capacitación o la información. ¿Pero ‘recibieron’ de manos de las ‘autoridades’ esa información que consideraban apropiada, o lograron ampliar ellas mismas su propio acceso? Si es así, estamos frente a un incipiente proceso de concientización: ellas reconocen y analizan sus propios problemas y toman medidas para resolverlos.

La concientización es el proceso mediante el cual las mujeres comprenden que su carencia de bienestar y la posición inferior en la que se encuentran respecto de los hombres no se debe a su propia incapacidad ni a su falta de organización o esfuerzo. Implica tomar conciencia de que, en realidad, la imposibilidad de acceder a los recursos surge de las prácticas y reglas discriminatorias que dan prioridad de acceso y control a los hombres.

La concientización, por lo tanto, tiene que ver con una necesidad colectiva de ponerse en acción para terminar con una o más de las prácticas discriminatorias que impiden que las mujeres accedan a los recursos. Es aquí donde se vuelve más evidente el potencial de las estrategias para optimizar la información y la comunicación como medio para promover el proceso de concientización. Este proceso está impulsado por la propia necesidad de las mujeres de entender las causas subyacentes de sus problemas y definir las estrategias de acción. El liderazgo de las mujeres más liberadas y activistas es fundamental en esta fase en la que el descontento frente al orden patriarcal establecido comienza a dar pasos concretos.

En consecuencia, la movilización es el nivel de acción que complementa a la concientización. En primer lugar, implica que las mujeres se reúnen, reconocen y analizan sus problemas. Comienzan a identificar las estrategias para superar las prácticas discriminatorias y organizan acciones colectivas para eliminarlas. A esta altura, probablemente la comunicación no sea simplemente una herramienta para movilizar al grupo, sino también un medio para contactarse con movimientos más importantes de mujeres, para aprender de los resultados de estrategias de acción similares en otras partes y para conectarse con una lucha más amplia. Aquí, comunicarse significa unirse a la hermandad global en la lucha por los derechos de la mujer.

El control es el nivel que se alcanza cuando las mujeres actuaron y lograron la igualdad de género en las decisiones acerca del acceso a los recursos. Tomaron lo que les pertenecía por derecho y no seguirán esperando eternamente que los recursos ‘lleguen’ a ellas según el criterio de los hombres o los caprichos de la autoridad patriarcal. A este nivel, el rol de la información y la comunicación es difundir el desarrollo de una estrategia exitosa. Por ejemplo, en la lucha de las viudas por conservar el título de propiedad de sus bienes después de la muerte de sus esposos, las estrategias llevadas a cabo por las mujeres de Zambia pueden resultar igualmente útiles o adaptarse en el sur y el este de África.

Los cinco niveles que acabamos de describir no suceden en forma de progresión lineal o tal como fueron escritos aquí. En algunos casos, las mujeres adquieren más control, lo cual genera un mayor acceso a los recursos y a su vez mejora su situación socio-económica.

Cuando evaluamos un proyecto, tenemos que preguntarnos si éste interviene simplemente como una forma de mejorar el bienestar y el acceso a la información, o si promueve la participación de las mujeres en un proceso para incrementar la concientización y movilización que conduzcan a más compromisos y a lograr el control.

A veces, al evaluar el plan de un determinado proyecto, la persona que evalúa ya puede percibir el fenómeno de la disminución de la intensidad de la atención del proyecto en la cuestión de género. Es decir, la cuestión de género que en el Análisis de Situación aparecía tan prominentemente, va perdiendo intensidad a medida que el plan avanza hacia sus metas, estrategias de intervención y objetivos. La disminución de la intensidad también se manifiesta en el Marco del Empoderamiento de las Mujeres. Es común que en el Análisis de Situación se admita con audacia que la cuestión de género se encuentra en el nivel de la discriminación de género y la falta de participación de la mujer en las decisiones. Sin embargo, a medida que el plan avanza hacia las intervenciones, los asuntos relacionados con la asistencia social y el acceso a los factores de producción se vuelven más prominentes. Puede resultar útil para la persona que evalúa utilizar el marco mencionado anteriormente para establecer el ‘perfil de género’ del proyecto y evaluar cada uno de los elementos del plan en términos de su interés en el empoderamiento de la mujer.

La implementación del proyecto también constituye una oportunidad para el fenómeno de disminución de la intensidad. Es posible que el plan del proyecto proponga intervenciones bastante audaces para el empoderamiento de la mujer, pero que la dirección decida reinterpretarlo de forma verticalista. Esto resulta en intervenciones moderadas en el ámbito de la asistencia social y el acceso.

Conclusión: Use sus lentes de género para hallar el foco de su evaluación

El marco anterior demuestra que existe un número infinito de preguntas que se pueden formular acerca de los distintos aspectos de un proyecto e incluso sobre nuestro interés específico en su perspectiva de género. Desde este punto de vista, la tarea de quien evalúa puede parecer abrumadora.

Pero piense en los marcos como algo similar a lo que hace el oculista que elige el lente adecuado para mejorar la visión del paciente. Del mismo modo, cada uno de los marcos presentados en este artículo aporta o agrega lentes diferentes que resaltan otros aspectos para evaluar el proyecto. Esto le permite establecer prioridades bien definidas para su evaluación de género.

Gracias a los diferentes lentes, ahora usted tiene un par de lentes que le ayudarán a considerar:

  • Los puntos más débiles del proyecto en los cuales las cuestiones de género están ausentes.
  • El tipo de preguntas que debe formular una evaluación para examinar los aspectos concretos del proyecto.
  • Las cuestiones cruciales o más serias que debe abordar el proyecto.
  • Las causas subyacentes de importancia que hay que afrontar.
  • Los aspectos del empoderamiento de las mujeres en los que el proyecto puede contribuir.

Con sus nuevos lentes, podrá concentrarse en la evaluación del problema y las prioridades. Entonces, estará en condiciones de comenzar a formular las preguntas esenciales para la evaluación e identificar los indicadores y los métodos para reunir la información necesaria.

Por eso, antes de hacer cualquier cosa, ¡no olvide ponerse los lentes!



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