LA METODOLOGÍA DE EVALUACIÓN CON PERSPECTIVA DE GÉNERO PARA PROYECTOS DE TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN (GEM) es una guía que integra el análisis de género a la evaluación de iniciativas que utilizan las tecnologías de la información y la comunicación para el cambio social. Este artículo presenta las definiciones básicas que se utilizan en esta metodología, en especial, los conceptos referidos al género. Es importante destacar que GEM es una herramienta que está en constante desarrollo gracias a la implementación y las adaptaciones creativas para las diferentes iniciativas, y a las reacciones que genera su aplicación. Esta herramienta no se presenta como un sistema de instrucciones y reglas que hay que seguir a rajatabla. Sólo a través de su evolución y del proceso participativo se puede comprobar su practicidad y eficacia como una metodología útil.
Conceptos básicos sobre género
¿QUÉ ES EL GÉNERO?
Género es un concepto que se refiere a los estereotipos sociales y culturales que cada sociedad asigna al comportamiento, las características y valores que se atribuyen a los hombres y las mujeres, y que los símbolos, las leyes y regulaciones, las instituciones y la percepción reafirman. Detrás de esos estereotipos subyace la idea de que tales características son naturales o intrínsecas y, por ende, inalterables. Por el contrario, los estereotipos de género se construyen sobre la base de factores ideológicos, históricos, religiosos, étnicos, económicos y culturales, que luego se traducen en desigualdades sociales, económicas y políticas, en las cuales las actividades de los hombres y los atributos relativos a su género se perciben necesariamente como superiores a los de las mujeres.
Es importante aclarar que la palabra género no significa en sí misma hombre o mujer. Para referirse a las características biológicas que los distinguen se utiliza la palabra ‘sexo’, que remite a las diferencias de los órganos sexuales y la anatomía. En cambio, el concepto de género se utiliza para comprender las relaciones sociales y personales entre hombres y mujeres y la forma en que se construyen los conceptos de feminidad y masculinidad. Muchas veces, los atributos asociados al género se justifican basándose en las diferencias sexuales o biológicas. Por ejemplo, se considera que las mujeres son maternales por naturaleza, característica que se asocia con su capacidad reproductiva de engendrar.
Los atributos de género suelen ser opresivos. Son conceptos que se transmitieron a través de los siglos y que las sociedades se ocuparon de adoptar estrictamente. Las características típicas asignadas a mujeres y hombres son discriminatorias y limitan e inclusive afectan las vidas de las personas. Históricamente, ha sido la mujer la que llevó las de perder en la relación de los sexos. En ese sentido, el género es una categoría que tiene que ver con las relaciones y, al mismo tiempo, con la política.
Los atributos de género también se extendieron al campo de la ciencia y la tecnología. Ámbito calificado de “riguroso” y, por lo tanto, “masculino” que tradicionalmente se considera más apropiado para los hombres que para las mujeres. Por ejemplo, muchas veces, la idea de que las mujeres no son tan capaces en las ciencias y la tecnología, en comparación con los hombres, se atribuye a sus limitaciones biológicas en lugar de a los estereotipos de género, los materiales educativos, el enfoque en la enseñanza, las oportunidades de estudio y al diseño tecnológico, que contribuye a crear una brecha de género en el uso de las TIC. Los estereotipos indiscutidos de los roles de género se construyen sobre la base de estos recursos y métodos que, a su vez, siguen afirmándolos. En consecuencia, se considera que los hombres están mejor capacitados que las mujeres para dedicarse a la ciencia y la tecnología, lo cual crea más obstáculos para que ellas ingresen en ese sector.
- Las relaciones de género son específicas del contexto.
- Las relaciones de género se entrecruzan con otras relaciones sociales como la clase, la etnia/raza y la edad.
- Las relaciones de género pueden cambiar, y de hecho lo hacen, como respuesta a las modificaciones políticas y socio-económicas.
- Las relaciones de género pueden ser resistentes al cambio porque, al igual que otras relaciones sociales, tienen su expresión en las instituciones de la sociedad.
¿Qué son los roles de género?
Examinar los roles de género nos permite comprender mejor la diferencia en el uso de las TIC entre hombres y mujeres, o hasta qué punto las utilizan unos y otros. Por ejemplo, en el ámbito del comercio en internet, muchos proyectos sólo enseñan a las mujeres cómo comprar en línea. Las aplicaciones de comercio en internet para sectores productivos, como la de monitoreo de precios de productos de granja, fueron diseñadas principalmente para comunidades agrícolas, en su mayoría administradas por hombres. Sin embargo, en los últimos años, las aplicaciones TIC comenzaron a concentrarse en capacitar a mujeres empresarias en el uso del comercio en internet. Si bien estas aplicaciones no necesariamente ponen en tela de juicio los cambios en las funciones reproductivas de la mujer, reconocen sus roles productivos, situación que, en algunos casos, trajo aparejado un cambio en el lugar que ocupa en la casa. Muchas de las experiencias en las que se introdujo el uso de las TIC en las comunidades produjeron cambios en la situación de los miembros que empezaron a tener acceso y aprendieron a utilizar las TIC (por ejemplo, en los telecentros). En algunas comunidades, las mujeres lograron superar las barreras del liderazgo, que originariamente era considerado dominio de los hombres y se convirtieron en agentes de información o en instructoras en los telecentros.
Cuando hablamos de los distintos roles asociados al género, debemos prestar especial atención a las diferencias y similitudes en las condiciones de acceso y utilización de las tecnologías para las mujeres y los hombres, y a cómo influyen las relaciones de poder sobre dichas condiciones. Por ejemplo, ¿cómo utilizan la internet los niños y niñas y los hombres y las mujeres? ¿Tienen las mismas posibilidades de acceso en la práctica, o se considera más importante cierto uso que otro? ¿Existen dimensiones de género en esta valoración? En una organización que trabaja para el desarrollo, ¿hay diferencia de género entre las personas que utilizan el correo electrónico y aquellas que no? ¿Qué criterio se aplica en términos de uso cuando se toman decisiones sobre la compra de equipos nuevos? Una vez más, ¿influye de alguna manera el género en la determinación?
Asimismo, los efectos del uso de las TIC tienen un impacto diferente en las mujeres que en los hombres. Por ejemplo, ¿utilizar las TIC ahorra tiempo o, en realidad, demanda aún más debido a los roles de género? Para expresarlo de manera más específica, ¿las telecomunicaciones son potencialmente generadoras de una mayor carga de trabajo porque las diferencias entre lo privado (el hogar) y lo público (el trabajo) se vuelven menos claras? ¿En qué aspectos intervienen los roles de género en esta organización? ¿Cuáles son las expectativas? ¿Son diferentes para los hombres que para las mujeres? ¿Tener una computadora en casa facilita la administración del trabajo a través de las telecomunicaciones o crea demandas poco realistas porque el empleado/a está siempre conectado/a? ¿El tiempo de trabajo de la mujer aumenta o disminuye? Prestar atención a los múltiples y diferentes roles y responsabilidades de género permitirá a los profesionales comprender que, por lo general, las necesidades de las mujeres respecto de las TIC son distintas de las de los hombres y que responder a ellas probablemente suponga exigencias de planeamiento específicas.
El conjunto de textos sobre análisis de género señala tres roles comunes: reproductivo, productivo y de gestión comunitaria.
Los roles reproductivos abarcan la maternidad/responsabilidades de la crianza y los roles domésticos desempeñados generalmente por mujeres, de quienes se espera que reproduzcan y sustenten la mano de obra. Aunque, en la práctica, estos roles constituyan un trabajo, se los diferencia de los que se denominan ‘productivos’ porque llevarlos a cabo no se considera un ‘trabajo’. Por esa razón, esta categoría laboral no recibe paga alguna. Dichas tareas no se ven reflejadas en el PBI ni en el PNB de ningún país.
Los roles productivos comprenden el trabajo que realizan tanto mujeres como hombres y que generan un ingreso (al contado o de cualquier otro tipo) y poseen un valor de cambio.
Los roles comunitarios son aquellos que desempeñan principalmente las mujeres en la comunidad, como extensión de su rol reproductivo, para mantener los escasos recursos de consumo colectivo, como el agua, la salud y la educación. (Por supuesto, existen otros miembros en una comunidad que llevan a cabo este tipo de tareas como los ancianos, los enfermos, las personas con discapacidad, los subempleados y desocupados.)
Dado que las mujeres tienden a asumir múltiples roles (se ocupan de los hijos/as a la vez que desempeñan actividades productivas y comunitarias), es importante tenerlos en cuenta a la hora de formular un plan de evaluación o analizar el impacto de un determinado proyecto de TIC en relación con el género. Es necesario observar el impacto de las TIC en los múltiples roles y examinar los cambios que la nueva economía de la información aporta a los roles de género de mujeres y hombres. Tomemos el caso de los telecentros que emplean a mujeres. Algunas evaluaciones sólo prestan atención a temas de infraestructura o equipamiento y no consideran el contexto social y el contenido informativo que puede afectar de forma negativa a mujeres y niñas. Por ejemplo, es posible que los cibercafés o los centros de información estén abiertos en horarios inconvenientes para las mujeres que tienen que hacer malabares con su tiempo para atender a sus roles productivos y reproductivos. También puede ser que el costo de acceso a dichos centros sea prohibitivo para las mujeres y las niñas que no disponen de la misma cantidad de dinero que los hombres y los niños. En ese caso, sería mejor investigar por qué las mujeres tienen un ingreso menor: ¿será porque el esquema de gastos de las mujeres abarca los de sus múltiples roles (gastos de la casa, necesidades familiares, etc.) dejando una cantidad escasa o casi inexistente para sus propias necesidades? ¿O quizás porque las mujeres carecen de las habilidades necesarias para trabajar? ¿O tal vez porque, como cargan con la mayor parte (cuando no con todos) los roles reproductivos de la familia, no les queda tiempo para dedicarse a un trabajo productivo?
Necesidades concretas e intereses estratégicos del género
Las necesidades concretas del género son aquellas identificadas por las mujeres y que no ponen en discusión sus roles sociales aceptados. Están relacionadas con el cumplimiento de sus roles productivo, reproductivo y comunitario y de sus responsabilidades, que incluyen las necesidades básicas concretas como la vivienda, el empleo y el alimento.
En cambio, los intereses estratégicos del género desafían los roles existentes. Reflejan exigencias cuyo propósito es conseguir la igualdad de las mujeres y parten del presupuesto de que éstas están subordinadas a los hombres como consecuencia de la discriminación social e institucional en su contra.
En la práctica un enfoque que subraye las necesidades de esta naturaleza puede dar lugar al reconocimiento y la consideración de los intereses estratégicos. De todos modos, las necesidades concretas pueden intensificar la división sexual del trabajo ya existente, que subordina a la mujer al hombre. Por ejemplo, tener acceso a los teléfonos y a la internet permite que las mujeres utilicen los medios de comunicación, pero no cambia automáticamente su posición respecto de los hombres.
El género es una variable socio-económica para analizar los roles, las responsabilidades, las obligaciones, las oportunidades y las necesidades de los hombres y las mujeres en un contexto determinado. Uno de los aspectos del análisis de género es explorar la naturaleza de las diferencias de género y sus significados políticos mediante la formulación sistemática de preguntas para determinar cuán diferentes son los hombres de las mujeres en una población determinada, respecto de sus:
Roles y actividades
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¿Quién hace qué cosa?: ¿las actividades productivas? ¿las actividades reproductivas del hogar (cuidar a los niños/as, cocinar, conseguir agua y combustible)? ¿la recreación? ¿Quién hace el trabajo?: ¿las mujeres?; ¿los hombres?; ¿las niñas?; ¿los niños? ¿Lo hacen tanto mujeres como hombres? ¿sólo uno de los dos?
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¿Cuánto tiempo insume? ¿el trabajo es estacional? ¿mensual? ¿semanal? ¿diario?
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¿Dónde trabajan?: ¿en casa? ¿en una granja? ¿en la ciudad? ¿en una fábrica?
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¿Cuán rígida es la división de género en el trabajo?
Recursos y obligaciones
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¿Qué recursos tienen los hombres y las mujeres para trabajar?
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¿Quién utiliza/posee/controla cada uno de los recursos? ¿quién queda excluido del uso/propiedad/control?
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¿Qué decisiones toman los hombres y las mujeres?: ¿en la casa? ¿en la comunidad?
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¿Las obligaciones de participación en la vida social y económica son diferentes para los hombres y para las mujeres?
Beneficios e incentivos
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¿Quién controla las actividades productivas? ¿y las reproductivas?
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¿Quién se beneficia con la actividad económica? ¿quién recibe el ingreso? ¿quién lo controla? ¿qué sucede con los beneficios que no provienen del ingreso?
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¿Hay diferentes incentivos para que los hombres y las mujeres participen en esas actividades?
Fuente: “Unidad 1. Un marco conceptual para el análisis y planeamiento con perspectiva de género”
Los proyectos de intervención pueden abordar la desigualdad de género de dos maneras: tratando de responder a las necesidades inmediatas sin desafiar necesariamente las causas estructurales de la desigualdad de género o concentrándose en asuntos estratégicos más amplios relacionados con los intereses de género de los hombres y las mujeres y creando las condiciones para lograr la igualdad. Por ejemplo, en muchos países en vías de desarrollo, se están introduciendo computadoras como herramientas para complementar el proceso de aprendizaje. Los investigadores señalaron que las aulas no están libres de los prejuicios de género. Una evaluación sobre género que se llevó a cabo en 2001 en cuatro países africanos, Senegal, Mauritania, Uganda y Ghana demostró que, a pesar de los esfuerzos realizados para hacerque el programa fuera sensible a las cuestiones de género, las desigualdades en el acceso persistieron. En algunas escuelas en Uganda y Ghana, las niñas no gozaban del mismo acceso a los laboratorios de computación que los niños. El elevado número de estudiantes por computadora y las políticas del orden de llegada no favorecen a las niñas que, en el nivel secundario, son muy pocas en comparación con los niños. Las niñas tienen que llegar más temprano a sus hogares y tienen responsabilidades domésticas que limitan el tiempo de acceso de que disponen. [Gurumurthy 31-32] Una planificación atenta a las cuestiones de género para este proyecto podría ser implementar una política justa para el uso de las computadoras que asegure un acceso y una utilización equitativos. Sin embargo, probablemente el proyecto no logre responder a una necesidad más estratégica: crear las condiciones para que un mayor número de niñas se inscriba.
Diferenciar las necesidades concretas de los intereses estratégicos proporciona un mayor discernimiento para el planeamiento y la evaluación desde la perspectiva de género y puede servir como base para identificar las acciones positivas. A los fines de la evaluación, establecer el grado de respuesta a las necesidades concretas y estratégicas de género puede demostrar el impacto de los proyectos y las iniciativas.
Estrategias de transformación de género
Las políticas de transformación de género propugnan y trabajan para lograr el cambio y la transformación de las desigualdades existentes. Por otra parte, las políticas específicas de género favorecen a uno por sobre el otro para lograr los objetivos de género, mientras que las neutras desestiman las diferencias y no promueven ningún cambio en la división del trabajo y los recursos desde una perspectiva de género.
Las políticas de transformación de género deberían proporcionar a las mujeres recursos que les permitan obtener un control mayor de las TIC, determinar el tipo de TIC que necesitan y formular políticas que las ayuden a lograr sus objetivos.
Las estrategias verticalistas apuntan a cambiar las instituciones y agencias de TIC para promover la igualdad y el empoderamiento de las mujeres en las TIC. Estos son algunos ejemplos de este tipo de estrategia:
- Ejercer presión política en conferencias y consultas internacionales para demostrar la importancia de políticas e intervenciones que respetan el género.
- Hacer de ‘perro guardián’ que controla el impacto de las TIC en las mujeres.
- Realizar investigaciones y reunir información sobre temas relacionados con el género como eje central de las TIC para ejercer una presión más eficaz.
- Promover el uso de herramientas de análisis de género como marcos, pautas, listas de control y nóminas de mujeres, y expertos en TIC y género.
- Trabajar desde adentro de las estructuras para producir cambios a través de la capacitación sobre género, la asignación de fondos, los nombramientos y la obtención de mandatos legales internos.
- Las estrategias que se originan desde la base están orientadas directamente hacia las mujeres y promueven su inclusión en las TIC. Éstas son:
- Suprimir las barreras legales o sociales que limitan el acceso de las mujeres a las TIC.
- Posibilitar que las mujeres tomen iniciativas en el marco de su participación en el planeamiento y las políticas de TIC.
- Extender la ayuda financiera o técnica a las mujeres para facilitarles el acceso y el control de las TIC, otorgándoles créditos, capacitándolas y educándolas.
Existen infinidad de marcos de análisis de género que se pueden adoptar cuando utilizamos la GEM como herramienta de evaluación. Compartimos con ustedes dos de ellos: “Lentes de género en la evaluación de proyectos” de Sara Hlupekile Longwe y “Género y tecnología de la información y de la comunicación: en busca de un marco analítico” de Peregrine Wood. Longwe examina el género y las TIC a partir de su impacto en el empoderamiento de las mujeres, mientras que Wood examina la relación entre las mujeres y la tecnología desde diversas perspectivas feministas. Ambos enfoques fueron utilizados en nuestro trabajo.
OBRAS CITADAS:
“Unit 1: A conceptual framework for gender analysis and planning.” ILO/SEAPAT’s Gender Learning Information Module. En internet. http://www.ilo.org/public/english/ region/asro/mdtmanila/training/homepage/mainmenu.htm (n.d.)
Gurumurthy, Anita. Gender and ICTs Overview Report. UK: Bridge, Institute of Development Studies, Septiembre 2004. 31-32. En internet. http://www.siyanda.org/search/ summary.cfm?NN=1458
Tinio, Victoria. “ICT in Education”. e-ASEAN Taskforce and UNDP-APDIP, Mayo 2003.
